sábado, 9 de junio de 2012

Marrakech, en Marruecos. Cuidad bella y misteriosa.

Viajar a Marrakech es una experiencia inolvidable. Caminar por la parte vieja de la ciudad es entrar en un mundo mágico, que te transporta al pasado, como si retrocedieras a los tiempos de Jesucristo, y vas a sentirte como protagonista de un cuento de Las Mil y Una noches. Es que Marrakech es una ciudad con una estructura medieval y con unas murallas preciosas, que te sorprenderán por lo bien conservadas que están. Esta capital berebere es llamada la ciudad rosada debido al color de sus murallas y palacios, fue fundada en el año 1062 a las puertas de las montañas de Atlas, y justo en la entrada del desierto del Sahara por unos guerreros de Mauritania. Wiston Churchill la escogió como su ciudad preferida, pero el General De Gaulle también la visitaba a menudo, así como Franklin D. Roosevelt, Charlie Chaplin y más recientemente Elton John, Tom Cruise cuando estaba con Nicole Kidman, Silvester Stallone, los Clinton y Carolina de Mónaco. Todo aquel que viaja a Marrakech quiere volver, porque es sencillamente espectacular, y porque siente que le faltó algo por conocer. A mí me fascinó por sus atardeceres, por lo interesante de su gente y por el misterio que rodea a toda la ciudad. Yo ya la tengo en la lista de mis ciudades preferidas en el mundo, y trataré de volver sin dudarlo cada vez que se me presente una oportunidad. Lo primero que hice al llegar a Marrakech fue ir a la plaza Djemaa-El-Fna, el centro de la ciudad amurallada, aquí está la verdadera diferencia de Marrakech con las demás ciudades árabes, esta plaza es única en el mundo. Ahí me encontré con unos encantadores de serpientes nutridos de teatralidad, contadores de cuentos, cantantes típicos con sus tambores, vendedores de agua, dentistas saca-muelas y muchos bereberes vestidos de azul trayendo sus mercancías desde el desierto a la ciudad. Puedes pasar todo el día en esta plaza porque es interesantísima y de noche se convierte en una feria de comida, donde encontrarás viandas desconocidas pero divinas, y los mejores platos de cordero que se pueden encontrar en Marrakech. Por más que me encantaba comer aquí, evité varios platos de este festín diario muy a mi pesar, porque no me llevé las Vibramicinas que me recomendaba mi padre, para mantener a raya esas bacterias desconocidas para mi cuerpo, que seguramente provenían del desierto de Sahara. Luego de pasar horas transportado a ese mundo irreal en la plaza Djemaa El-Fna, visité la gran mezquita Koutoubia, con su minarete de 77 metros de altura y construida en el año 1.147. Como se encuentra al lado de las murallas, el lugar es sensacional. Al caer la tarde, después de dormir mi inevitable siesta fui a los jardines Majorelle, diseñados en 1920 por el artista francés Jacques Majorelle. Este es un oasis con caminos sombreados por palmeras y buganvillas, rodeado de espejos de agua con peces de colores y casas de un azul muy intenso. A Yves Saint Laurent le gustaron tanto estos jardines, que hizo construir aquí un museo de arte árabe. Después de este remanso de paz me fui a la Medina, donde se encuentra el bazar o mercado árabe, incrustado en un laberinto de callecitas intrincadísimas, muchas de ellas techadas para evitar el exceso de sol. En esa Medina se apretujan cientos de comercios que venden de todo; marroquinería, telas, especias, dátiles, alfombras, té de menta, cajitas de metal y huesos de camello, ropa, miles de artículos de cuero y rarezas que fascinarán a tu pareja. Yo me compré una shilaba, bata típica árabe muy fresca, además de unas babushas, zapatos muy cómodos usados por los bereberes en sus carpas del desierto. El lugar del mercado que más me sorprendió, fue aquel donde se hacían los intercambios de joyas y metales preciosos entre los nativos. Decenas de mujeres bereberes vestidas con shilabas que dejaban al descubierto sólo sus ojos, ofrecían en una algarabía incomprensible sus prendas a las otras mujeres sin que existiera el dinero de por medio, sólo trueque. Los turistas nos manteníamos a distancia, lamentando no poder participar en esa alegría comercial debido a la barrera del idioma. Marrakech es una ciudad realmente fascinante, así que si aprecias el misterio y las vida exótica, no dejes de visitarla aunque sea una vez en tu vida, porque querrás volver. COMO LLEGAR: Air Europa www.aireuropa.com lo lleva a Marrakech desde Caracas vía Madrid. La página no es fácil de usar, así que le recomiendo llamar a su agencia de viajes de confianza o a mi buen amigo Arturo Mosquera, Director de Ventas de Air Europa en Venezuela, por el teléfono(0212)951.54.09, pregúntele por las ofertas de baja temporada. DONDE ALOJARSE: El mejor hotel de Marrakech es La Mamounia, cuartel general de Churchill durante sus largas estadías en esa bella ciudad. Construido en 1.923, este palacio está rodeado por las murallas de la ciudad, lo cual otorga el toque fantástico. La Mamounia lo reabrieron el 29 de septiembre de 2009, totalmente renovado y mejor que nunca. Consigues habitaciones en La Mamounia desde US$475 diarios. Tu agencia de viajes afiliada a AVAVIT te hará la reservación, y te explicará porqué es tan costoso. Hotel La Mamounia, Avenida Bab Jdid, Marrakech, Marruecos. Teléfono:(212)524.38.86.00 www.mamounia.com Pero si lo que desea es mucha tranquilidad, entonces alójate en una de las bellísimas “Riads”, equivalentes a nuestras posadas, que se encuentran en los alrededores de la Medina y el mercado. Te recomiendo el Riad Darna, que es una casa bellísima de cuatro habitaciones, ubicada a pasos de la plaza Djarnaa El-Fna, que sólo cuesta entre 64 y 85 euros la noche. Reserva la “Chambre Bleue”, porque le encantará a tu pareja. www.riad-darna.com DONDE COMER: El restaurante que más me gustó de Marrakech fue el Dar Fez, ubicado en la Medina. La cocina es típica tradicional y familiar, la decoración espectacular. Un patio con vegetación exuberante será el marco para degustar el mejor couscous de sémola de trigo, con siete verduras y carne de cordero. Pide de entrada el Briouat de pollo espolvoreado en hojaldre, y de postre la torta de leche aromatizada con flor de naranjo, no te arrepentirás. Restaurante Dar Fez, Riad Laarous, El Gza, Medina de Marrakech Teléfono: (212)44.38.23.40, www.darfez.com NO OLVIDES: Visitar la escuela del Corán “Ben Youssef”, que es una casa espectacular del siglo XIV y tiene un patio interior lleno de arcadas labradas en una mezcla árabe-andaluz, que yo considero el patio más bello de Marrakech. Pasear por los Jardines de Menara al atardecer, son bellísimos.

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